El secreto de tener un pelo sano y bonito no pasa solo por atender las necesidades de la fibra capilar, de aportarle hidratación, flexibilidad, color, nutrición o brillo (que también), sino de mimar la salud de la piel que lo sustenta: el cuero cabelludo. A menudo olvidado, es la esencia de un cabello radiante porque en él residen los folículos pilosos (lo que comúnmente llamamos raíces), esas pequeñas y maravillosas fábricas cuya ‘mano de obra’ trabaja a destajo para generar cabellos nuevos durante toda la vida. Sin embargo, las condiciones laborales no siempre son las idóneas.

Estrés, polución, cosméticos inadecuados, coloraciones agresivas, productos texturizantes, sudor, deporte, aguas calcáreas, golpes de calor, dietas pobres en vitaminas y minerales, los malos humos del tabaco… Son muchos los factores que terminan por asfixiar el cuero cabelludo, por mermar su capacidad productiva, tanto en calidad como en cantidad, haciendo que la fibra capilar pierda vigor, densidad, volumen, se torne frágil, quebradiza, seca. La melena se apaga. ¿La solución? Resetear el cuero cabelludo con los protocolos inspirados en el cuidado de la piel del rostro: los tratamientos hairskincare. En peluquería o en casa liberan las raíces de las cadenas impuestas por el estilo de vida; sanean, estimulan, abonan, limpian en profundidad, reparan y equilibran.